Un expolicía se dedica a limpiar los restos que quedan en los domicilios, tras haber sucedido algún crimen, como asesinatos...Un día recibe una llamada por la que va a una gran casa, donde se ha producido un asesinato. Hay en la sala de estar muchos rastros de sangre y hace, como siempre, un trabajo limpio.
No deja ni rastro.
Un asunto de corrupción policial del condado, le lleva a dirigirse al día siguiente a la misma casa, donde conoce a la señora, que no sabe que el día anterior había nada que limpiar.
El policía no le dice nada, pero la mujer se queda mosqueada.
Reflexionando, el limpiador llega a la conclusión de que ha sido engañado por alguien que deseaba eliminar las pruebas del crimen.















